viernes, 24 de abril de 2015

La inevitable levedad del ser y mi renuncia a las “chicks flicks”.


Hoy ha sido uno de esos días en los que la palabra “patética” se ha sabido quedar pequeña a mi lado.
Acostada, deprimida y con la luz apagada me arrunché con los más tristes y agonizantes pensamientos existencialistas y viendo una maldita película llamada "Reality Bites" descubrí que mi vida podría ser llevada a la pantalla generando una total y absoluta empatía con quienes, por cosas del destino, terminen viéndola.

La película trata (en esta parte quienes quieren ver la película deben dejar de leer porque les voy a contar el final) de cuatro amigos  recién graduados de la universidad que en medio de la locura de la independencia viven casi que juntos en una casa donde pagan muy poco y fuman como mujeres de útero goloso en penitenciaría. La vida se les complica al par de churros de la película, Troy, Ethan Hawke en su época de galán joven, claro, antes de parecer un adicto al crack, y Lelaina, representada por Wynona Ryder. Troy es un músico malandro malpagado y  peligrasiento que le rompe el corazón a Lelaina, lo chistoso  es que ella está entusada pero ya tiene novio… un yuppie que es el típico hombre “buen partido”, juicioso, caballero, que la deja llevar las riendas de la relación y que aparte le da la oportunidad a la loca esta de ganar platica con su documental… Aunque Michael (Ben Stiller), resulta cagándola también como todos los hombres…
Lelaina por bruta termina echando al partidazo y quedándose con el pelmazo de Troy, y felices los dos seguramente hasta que él, inevitablemente, también meta la pata.

Hasta ahí la explicación romántica de la película. Resulta que en medio de todo este drama de amores, enfermedades sexuales y ganas de cambiar el mundo, Lelaina se queda sin trabajo porque decide desquitarse contra su jefe, que es un maldito neonardental de miércoles que no es capaz de reconocer el talento ni cuando lo tiene en sus narices… ¡Es increíble el parecido con la realidad! El caso es que esta pobre mujer empieza a ir a cada entrevista, pasando por los trabajos más piratas hasta los más pupies sin poder logar nada… Lo que nos muestra que el desempleo nos tiene jodidos a todos desde el 94. De lógica, su papá no la ayuda porque quiere que ella madure y aprenda a valerse por sí misma pero ¿ni siquiera darle un contacto que pueda ayudarle, ole? No muy mugre también. Y es que es muy jodido joderse tanto en una universidad, mamarse los trasnochos, las clases en la “madrugada”, el mal genio del profesor al cual la mujer no se lo da, los pelmazos que nunca hacen ni mierda en los trabajos grupales o ese profesor que solo quiere tirarse a la alumna, sin contar todo ese dinerito invertido en la educación para resultar vendiendo pendejadas en una tienducha, contestando un teléfono o prostituyendo la profesión como esos que se regalan por cualquier sueldo de pacotilla porque no valoran lo que aprendieron o lo que saben hacer. Pero bueno...

Lelaina también tiene una amiga perra, vagamunda salta-tapias (todas tenemos una así y si no la tiene… bueno eso se lo dejo a ud.) que tiene una libreta en la que anota el número de hombres con los que se ha acostado, con sus respectivos nombres. La vieja esta cagada del susto porque va al médico a hacerse el examen del VIH, y claro, si yo a los 20 años hubiera tenido 67 hombres en mi lista, también me preocuparía. Sin embargo la vieja fuma marihuana y por alguna extraña razón, no resulta ni enferma ni embarazada en toda la película. Ah y bueno, está el amigo que es gay y cuando sale del closet, la familia lo rechaza…

El asunto es que todas estas mujeres protagonistas de las películas románticas, son jóvenes y tienen toda la vida por delante para poder cometer  errores… Y una que no ha tocado los treinta comete una que otra equivocación o quiere esperar un poquito más porque sabe que viene algo no bueno, sino mucho mejor y todos se le vienen encima… hasta el músico malandro que tanto ama y que la hace sufrir.

Y por si fuera poco, todas estas historias fantásticas y noveleras tienen la maldita banda sonora que aunque es melosa y asquerosamente cursi, le da esa fuerza extraordinaria al sentimentalismo y una resulta, en una tarde de absurda depresión, identificándose con todas estas canciones hasta el punto de romper en un mar de lágrimas y muchas veces, sin saber por qué…
Por eso hoy decido irremediable e irrevocablemente cambiar de género e irme por las de acción, las de terror, suspenso o, quien sabe… documentales sobre las crisis de los  30´S o sobre el precio de la papa en Wirtland, algo que no me haga deprimir más de lo que ya he estado por estos días, justo después de mi graduación.
Recuerden que lo que pasa en las “chicks flicks” siempre es lo mismo: Personaje rico y personaje pobre (la mojigata y el Don juan, la juiciosa y el rebelde -porque siempre son polos opuestos) se enamoran, pelean, se mandan a la mierda, vuelven, beso largo y suspiro acompañado de una banda sonora memorable. Después son felices por siempre.

Y Fin! 
Ojala fuera tan fácil en la vida real.



                              La Rana

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